Evangelin y el reino de las mil fresas 🍓

Cuento infantil

En un lugar muy lejano, hace muchos, muchos años, nació una princesita a la que llamaron Evangelin. Esta dulce niña de enormes ojos , vivía en un hermoso castillo en lo alto de una colina del conocido” reino de las mil fresas”. Su reinado era muy próspero, todos los habitantes se dedicaban a la recolección de este preciado fruto y elaboraban pasteles, galletas y confituras de fresa muy codiciadas en toda la región.
Evangelin cada día era más hermosa , gateaba por los pasillos del castillo , jugaba y jugaba sin cansarse jamás y no dejaba de sonreir. Así fueron pasando los años y todo parecía perfecto.

Una tarde de primavera mientras estaba en la cocina del castillo, uno de sus lugares favoritos , Evangelin vio un plato lleno de fresas y sin pensárselo dos veces se comió la más hermosa. En pocos minutos la niña comenzó a sentirse mal, no sabía lo que le estaba pasando pero aquella sensación no le gustaba nada de nada. Ella no quería alarmar a nadie porque le habían advertido que no debía comer sin permiso de sus papás, pero todo su cuerpo le comenzó a picar tanto que no podía parar de rascarse y decidió irse corriendo al baño para ponerse un poquito de agua fría a ver si se le calmaban los picores.
De pronto, al mirarse al espejo vio que todo su cuerpo estaba rojo y Evangelin pensó “ me estaré convirtiendo en fresa por no haber obedecido “, pero sus ojos se volvieron mucho más grandes y su boca comenzó a crecer y su lengua también crecía y hasta le costaba respirar. Fué entonces cuándo por suerte apareció Jōkichi  Takamine, el medico real y al ver a la niña comprendió que necesitaba la pócima mágica del Unicornio Adrenalin.

La princesa tenía una reacción alérgica y sólo el Unicornio Adrenalin podía salvarla con su cuerno mágico. Takamine, el médico real sacó de su bolsillo un silbato diminuto y silbó con todas sus fuerzas, en escasos segundos Adrenalin, el unicornio rosa, apareció volando y se dirigió hacia Evangelin, la acarició con la punta de su cuerno y en un abrir y cerrar de ojos Evangelin volvió a ser la risueña niña de antes.

Los Reyes estaban muy preocupados por la salud de su hija, no la dejaban salir del castillo, no podía ir a ninguna fiesta de cumpleaños, incluso pensaron en aislarla en una torre de cristal.
Evangelin se sentía muy triste, los reyes no entendían la enfermedad de la princesa, pero ¿si siempre ha comido fresas?¿cómo puede ser?, no paraban de repetirse.

Los consejeros sugirieron que Adrenalin, el Unicornio mágico acompañase siempre a la princesa y así en caso de que Evangelin comiese una fresa por error, Adrenalin la podría volver a acariciar con su cuerno mágico. La solución de los consejeros fue aceptada por los reyes y así la princesa Evangelin siempre se veía acompañada por su inseparable Unicornio Adrenalin.

Pero, tras poco tiempo, a otros niños del reino y de otros reinos, les comenzó a pasar lo mismo y Adrenalin no podía ayudarlos a todos a la vez. Fue entonces cuando Adrenalin decidió sacrificar su vida desvelando la receta de su pócima secreta a Takamine y juntos la repartieron en pequeños recipientes a modo de pequeños cuernos que todos los niños podían llevar consigo. Los llamarían “ adrenalinas” y así todos los niños del mundo podrían tener una adrenalina en su casa para que cuando la necesitaran se acariciasen también con su cuerno mágico sin que ella estuviese allí . Eso sí, con la condición de que, nunca , nunca se la olvidasen y la llevasen siempre con ellos allá donde fueran. Sí, esa fue la condición que puso Adrenalin. Así que, ya lo sabéis, niños y papás alérgicos, no os podéis olvidar nunca la adrenalina porque El Unicornio Adrenalin se sentiría muy, muy triste.

 

Autor: Susana Ranea Arroyo

Ilustración: Laura Soler Ranea  ( 10 años ). Mi gran fuente de inspiración.